Nadie mejor que Bradley Smith puede afirmar que ha mamado el motociclismo desde la base. A tan sólo 100 metros de su residencia en Oxford, se halla un circuito de motocross en mitad del prado inglés, propiedad de su familia. Cada día desde que recuerda, el pequeño Bradley se empleaba en labores de conservación del circuito, ayudando a su padre. Desde aplanarlo, hasta limpiarlo o simplemente paseando por él, este joven británico hilvanaba su sueño: ser piloto de motos algún día.
Cada tarde a la salida del colegio, Bradley merodeaba en bicicleta por los alrededores del circuito, hasta que en la navidad de 1996, por fin su padre le regaló su primera moto, una Kawasaki 60cc. Y tan sólo un mes después, con seis años, edad mínima para competir, ya acudió a la primera carrera en el circuito de su casa. Desde entonces fue un practicante acérrimo de motocross y supercross, y participó regularmente en el Campeonato Británico de motocross hasta el año 2003.
Tras ganar el nacional británico en 2001, y proyectar un futuro ligado al mundo del motocross, una grave lesión –se rompió la pierna- en la temporada 2003, que le mantuvo tres meses apartado de los circuitos, le llevó a pensar en nuevas metas. Es digno de mención ver como Bradley apunta a su lesión como algo positivo. Una anécdota que le hizo cambiar el rumbo de una prometedora carrera en el mundo del motocross, por una brillante trayectoria en la velocidad.
En 2004, probó por primera vez en un campeonato de velocidad, y acabó 4º en el campeonato MRO Superteen con una victoria en Lydden, y un séptimo puesto en el MRO GP 125cc, a pesar de participar en sólo tres pruebas de este último certamen.
En 2005, Bradley participó en el CEV –Campeonato de España de Velocidad-, en la categoría de 125cc, a los mandos de una Honda del MotoGP Academy Team. El joven piloto británico terminó segundo a un solo punto del líder, tras vencer consecutivamente las tres últimas pruebas del campeonato –Albacete, Valencia y Jerez-. Ese mismo año terminó el Campeonato de Gran Bretaña de 125cc en décimo lugar, pese a perderse muchas pruebas debido a sus compromisos con la MotoGP Academy.
Sus actuaciones en el CEV le convirtieron en un valor en alza de la cantera motociclista británica, y se hizo con un puesto en el equipo Repsol, para debutar en el Campeonato del Mundo en la temporada 2006. A lomos de una Honda de 125cc, con tan sólo quince años, el joven piloto británico se coronó como rookie del año de la cilindrada menor, gracias a sus buenas actuaciones en los grandes premios de Japón, Inglaterra, Alemania y Valencia. Bradley luchó en 2007 por entrar de forma regular en los puntos, confirmarse como una de las jóvenes promesas para el futuro, y finalizar octavo en la general del Campeonato del Mundo.
Bradley, extremadamente metódico e inconformista, saltó en 2008 al equipo Polaris World para disponer de un Aprilia RSA oficial, y poder seguir con su trayectoria ascendente. Ese año, el británico fue habitual de la cabeza de clasificación, tanto en entrenamientos como en carrera, pero las caídas fueron un hándicap para conseguir su deseo más inmediato: la victoria en un gran premio del Campeonato del Mundo. Con todo, Bradley dio otro salto de calidad terminando el año sexto de la general.
Para la temporada 2009, tanto el piloto británico como el Bancaja Aspar cumplieron su sueño de convertirse en un matrimonio sinónimo de triunfo. El equipo alcireño llevaba dos temporadas tras el joven valor inglés, y puso a su disposición todos los medios para que aprendiera a ganar. El de Oxford devolvió la confianza depositada en él ganando en Jerez y Mugello, subiendo al podio en todo el último tercio del campeonato, y logrando proclamarse Subcampeón del Mundo. En 2010, sigue enrolado en el Bancaja Aspar Team para continuar creciendo como piloto, y optar a la corona de la cilindrada pequeña.